Bruce Dean Willis

is Professor of Spanish and Comparative Literature at The University of Tulsa. His research and publications focus on diverse aspects of poetry and performance, and expressions of Indigenous and African cultures, in Latin American literature, particularly Brazil, Chile, and Mexico.

TIME FOR CHOCOLATE is available for purchase through One Act Play Depot! A brief description:

An intoxicating evening of music, poetry, and chocolate... in pre-conquest Mexico!
Based on a fifteenth-century dialogue among nobles schooled in rhetoric and philosophy, the play pits father against son in a war of words over the power and beauty of artistic expression.

Tuesday, November 17, 2009

Al concierto con Cortázar

Nadie como Julio Cortázar para narrar la música. O, más específico: para narrar el desconcierto de un concierto. Precisamente por su dominio tan acertado del flujo temporal de la narrativa, o sea todo relativo al ritmo, al suspenso, al muy medido conteo silábico para llegar al final de una oración o un párrafo, el tema de la música le viene como guante a la mano. Es innegable el gran interés que tenía Cortázar por el jazz, tema de "El perseguidor" y motivo de Rayuela, entre otras obras. De hecho, Rayuela se puede entender como una meditación musical, tanto por su estructura de rapsodia como por el tema musical, un constante en el texto. Y sin embargo, a pesar de la mayor relevancia temática del jazz en la novela, como sistema subversivo de improvisación y connotación, con su parentesco al juego lingüístico del glíglico inventado por los personajes, es la presencia más tradicional de la música clásica, sistema de denotación, que Cortázar explota para lograr una oposición entre proceso y producto, sean musicales o sean narrativos. Por ejemplo, llama la atención el recital de piano, en París, de Berthe Trépat, una pieza ultramoderna de puros acordes llamada "Tres movimientos discontinuos":

Entre los acordes 7 y 8 restallaron toses, entre el 12 y el 13 alguien raspó enérgicamente un fósforo, entre el 14 y el 15 pudo oírse distintamente la expresión 'Ah, merde alors!' proferida por una jovencita rubia.

El abismo cómico entre las serias expectativas del público y la realidad banal del recital abre este espacio de 'desconcierto,' una profunidazación del aspecto temporal, inevitable como dimensión artística en la música tanto como en la literatura. Semejante es la reacción del narrador incauto en "La banda," ante un concierto insólito y sin previo aviso, de una banda de mujeres, donde unas pocas de ellas tocan sus instrumentos de veras (y mal), mientras que la mayoría tan sólo juguetean con los instrumentos.

Tenía al mismo tiempo ganas de reírme a gritos, de putear a todo el mundo, y de irme.

Claro que la simultaneidad de condiciones contradictorias, o aun estados opuestos y ostensiblemente irreconciliables, es una marca registrada de la narrativa del maestro argentino.Tal vez el mayor 'desconcierto' sea el que emerge, no sin presagio pero sí con una fuerza sorpresiva, al final del concierto en "Las ménades." El narrador esnob, que no entiende ni disculpa el desenfrenado entusiasmo de los demás, paulatinamente se da cuenta de lo que está presenciando. En medio de un párrafo largo describiendo el final de la Quinta sinfonía de Beethoven, que remata el concierto:

Casi nadie oyó el primer grito porque fue ahogado y corto, pero como la muchacha estaba justamente delante de mí, su convulsión me sorprendió y al mismo tiempo la oí gritar, entre un gran acorde de metales y maderas.

Los gritos se multiplican, acompañados por movimientos bruscos de varios entre las plateas, hasta que al tocar los útimos acordes, el director y los músicos son atacados por un público abandonado al frenesí orgiástico del título (las ménades eran las seguidoras de Dioniso que se descontrolaban en ritos violentos). El narrador / testigo, que nos provoca por lo mucho que deja sin decir, al salir por fin del teatro se topa con la que parece ser la jefa de las ménades:

[...] en ese momento asomaron al foyer la mujer vestida de rojo y sus seguidores. Los hombres marchaban detrás de ella como antes y parecían cubrirse mutuamente para que no se viera el destrozo de sus ropas. Pero la mujer vestida de rojo iba al frente, mirando altaneramente, y cuando estuve a su lado vi que se pasaba la lengua por los labios, lenta y golosamente se pasaba la lengua por los labios que sonreían.

Con esa repetición muy adrede de "se pasaba la lengua por los labios" termina el cuento, y los lectores quedamos intrigados, perplejos, maravillados ante el desatado poder emotivo de ese movimiento a través del tiempo que es la música, y también la narrativa.

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